Del PAN y sus sobrevivientes


Vivimos en una realidad donde el impacto ha devorado por completo a la consecuencia, es el simulacro del simulacro.

La única oposición relativamente seria para Morena en el Estado, la constituyen el Partido Acción Nacional y el denominado Movimiento Ciudadano.

El primero con el profundo cisma de sus viejas tribus, de sus eternos grupos, conformados por una corriente de clasemedieros que desplazaron a las antiguas élites panistas, de las que formaban parte las familias “bien” del Estado. Porque el PAN se caracterizaba -y Colima no fue la excepción-, por ser el partido de los ricos, de los empresarios, antes de la gigantesca incursión que en todo el país formó la estrategia de Vicente Fox, que incitó y promovió la apertura a una copiosa clase media ajena al viejo esquema oligarca.

Esa nueva generación de panistas era llamada al principio de “simpatizantes” por parte de los otrora ricachones que regenteaban el partido. Ese partido que, desde la era Fox, abrió las puertas a miles y miles de ciudadanos de a pie, permitiéndoles ganar alcaldías, diputaciones locales y federales, senadurías y gubernaturas, y, en el año 2000, con su adalid a la cabeza, la presidencia.

En ese proceso de conversión, el PAN generó “cuadros” o perfiles cada vez más distantes del original fifí metido en política y llegó el día en que los neopanistas se apoderaron del partido y de sus siglas y lo convirtieron en su patrimonio.

Tal sucedió en Colima, cuando grupos muy diferentes a los de los panistas genuinos, acabaron por ser dueños del partido. Los viejos panistas de la alta sociedad fueron relegados en apenas dos décadas, quedando aquello en las manos de negociadores y vivales que asignaban y repartían candidaturas hasta que la militancia se hartó.

Entre esos manipuladores se recuerda a Jorge Luis Preciado, que hizo y deshizo las veces que quiso con las candidaturas, quedándose con las pluris que se le antojaron para él y sus consentidos. Así que por quince años fue el amo y señor en la entidad. Pasó lo mismo con su principal competidor dentro del partido, Pedro Peralta, cuya fortuna y medios le han ajustado para ser él mismo beneficiario de espacios y prolongar sus dominios hasta las aspiraciones de su hija a la que ya hizo diputada y quiere hacer alcaldesa de la Villa de Álvarez.

A Preciado y a Peralta les ha ganado el monopolio la líder actual, Julia Jiménez, que ni ha conseguido incrementar la militancia ni ha sabido ser oposición. Por la vía libre y con más apoyo de los priístas que de los panistas, transita el alcalde capitalino, Riult Rivera, única carta hasta ahora medianamente presentable con que cuenta el panismo. Así, los grupos al interior del blanquiazul caminan divididos en varios bandos: Los sobrevivientes del por fin venido a menos Jorge Luis Preciado, los controlados por el poder económico de Pedro Peralta, los seguidores de la dirigente gris que ha sido Julia Jiménez y los antiguos panistas que, sin mayor interés que el que originó la creación de su partido, militan por convicción y a regañadientes, decepcionados, de los grupos de advenedizos que el foxismo impulsó y que en dos sexenios dieron al traste con una lucha legendaria por un cambio que no lograron ver.

El panismo en el Estado arrastra un terrible cáncer: Nunca ha tenido un dirigente con la vocación real de crecimiento partidista. Se han conformado con ganar zonas urbanas, -Manzanillo, Colima, Comala, Villa de Álvarez, Coquimatlán, Tecomán-, y han descuidado las regiones donde si hubieran conseguido más votos, habrían alcanzado alguna vez la gubernatura. Demostrado han, siempre, que no les gusta ensuciarse los zapatos con los más necesitados y con los de abajo. Han preferido simular que departen y conviven con los volubles habitantes de las zonas urbanas, que es el electorado menos controlable y el más impredecible de todos.El

PAN necesita, en suma, que ninguno de los señores feudales que le ha causado tanto daño, intervenga en la estrategia electoral que se avecina. Que les den espacios, que les concedan pequeños cotos de poder, pero que se larguen a su casa, si no quieren seguir perdiendo.

Y eso lo sabe muy bien Riult Rivera, que ha procurado rodearse de más priístas y apartidistas, que de panistas. La lucha se avizora feroz para el 2027, de manera que si el PAN no reacomoda sus piezas y se refunda en Colima, perderán sin remedio. El tema da para más y habremos de retomarlo, pues quedan hilos sueltos. De Movimiento Ciudadano hablaremos el lunes.

POR HOY, BUEN DÍA.

QUOD SCRIPSI, SCRIPSI | Horacio Archundia